Predicaciones

I MENSAJE CENTRAL

Hace dos semanas Dios nos enseñó que si buscamos su rostro en intimidad podremos descubrir ese lenguaje único y especial que Él ha diseñado para cada uno de nosotros.

La semana pasada nos habló el Señor de que Él tiene grandes planes y propósitos para con cada uno de nosotros y de que debemos ser intencionales a la hora de querer verlos cumplidos en nuestra vida.

Hoy Dios, como una tercera entrega de esta miniserie acerca de nuestros propósitos, quiere hablarnos de la importancia de saber quiénes somos y quienes no somos a la hora de ir tras nuestros propósitos con esa intencionalidad.

 

II          INTRODUCCIÓN

Juan 1:19-23 “19Este es el testimonio de Juan (el bautista), cuando los judíos enviaron de Jerusalén sacerdotes y levitas para que le preguntasen: ¿Tú, quién eres? 20Confesó, y no negó, sino confesó: Yo no soy el Cristo. 21Y le preguntaron: ¿Qué pues? ¿Eres tú Elías? Dijo: No soy. ¿Eres tú el profeta? Y respondió: No. 22Le dijeron: ¿Pues quién eres? para que demos respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo? 23Dijo: Yo soy la voz de uno que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías.”

Juan el Bautista sabía quién era Él, sabía que era alguien que tenía el propósito de parte de Dios de anunciar al Cristo, pero también sabía quién no era, Él no era el Cristo.

Es igual de importante que sepas quién eres y quién no eres a la hora de vivir tu vida y de ir tras tus propósitos.

La tentación de la competición.

Una de las tentaciones más importantes a resistir es la tentación de la competición o de la competencia.

Querer que tu vida compita contra la de otros, querer comparar tu propósito con el de otros y estar filtrando tu vida en base a lo que hacen los demás, para ser mejor o igual a ellos. Esta es una tentación que debemos evitar.

A tu alrededor van a haber muchas personas que, de una forma u otra, te invitarán a competir contra ellos o contra otras personas, te retarán a que seas mejor que ellos o tal vez tú mismo te retarás a ser como ellos o mejor que ellos.

Por eso Dios quiere hoy darnos este consejo: Si tú mismo o alguien más te invita a competir contra otros, pierde la competencia y mejor concéntrate en ser la mejor versión de ti sin compararte contra nadie más.

De aquí que el mensaje de hoy lleva por título: Pierde la competencia (En la carrera de propósitos).

 

III         LA COMPETENCIA MALSANA

La historia del corredor “loco”.

“Conocí la historia de un hombre que salió a correr por la mañana y delante de él como a noventa metros iba otro hombre corriendo y él se propuso alcanzarlo y rebasarlo, y comenzó a acelerar el paso, ya cuando estaba cerca se dio cuenta que le

quedaban dos cuadras de oportunidad porque debía doblar a la derecha y entonces apresuró el paso y por fin lo sobre pasó, iba a una velocidad de competencia, y lo rebasó, y dijo: ¡Lo vencí!

Claro, el otro corredor ni cuenta se dio que estaba en competencia, pero él estaba feliz de haberlo vencido. Cuando recupero el aliento para regresar, se dio cuenta que se había pasado seis cuadras de la calle donde debía doblar a la derecha”.

Esto es lo que nos sucede cuando nos concentramos en competir contra nuestros compañeros de escuela, del trabajo o contra alguien de la familia o vecinos, intentando demostrar que somos mejores y más exitosos que ellos o más importantes: Terminamos distraídos de nuestros verdaderos propósitos.

Miguelito de Mafalda.

Esta historia me recordó una historieta de Miguelito el de Mafalda.

 
   

 

 

Esta imagen representa muy bien lo que nos pasa a la hora de querer compararnos y competir contra otros.

Nuestros dones no son comparables.

(NVI) Romanos 12:5-8 “también nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo en Cristo, y cada miembro está unido a todos los demás. Tenemos dones diferentes, según la gracia que se nos ha dado. Si el don de alguien es el de profecía, que lo use en proporción con su fe; si es el de prestar un servicio, que lo preste; si es el de enseñar, que enseñe; si es el de animar a otros, que los anime; si es el de socorrer a los necesitados, que dé con generosidad; si es el de dirigir, que dirija con esmero; si es el de mostrar compasión, que lo haga con alegría.”

Aquí está diciendo que todos tenemos dones diferentes, que por ende, no son comparables, lo que nos pide el Señor es que los pongamos a trabajar en todo lo que hagamos, pero sin compararnos con nadie más.

Creer que debemos ser “tan buenos como tal persona” o ser “mejores que tal otra”, eso va cargando nuestra alma y haciéndonos orgullosos o celosos o nos deprime por sentir que, comparado con ellos, lo estamos haciendo mal.  

           

 

IV         TU PROPÓSITO ES ÚNICO

(NVI) 1 Samuel 18:6-9 “Ahora bien, cuando el ejército regresó, después de haber matado David al filisteo, de todos los pueblos de Israel salían mujeres a recibir al rey Saúl. Al son de liras y panderetas, cantaban y bailaban, y exclamaban con gran regocijo: Saúl destruyó a un ejército, ¡pero David aniquiló a diez! Disgustado por lo que decían, Saúl se enfureció y protestó: A David le dan crédito por diez ejércitos, pero a mí por uno solo. ¡Lo único que falta es que le den el reino! Y a partir de esa ocasión, Saúl empezó a mirar a David con recelo.”

Uno pensaría que el rey Saúl estaría emocionado por tener a alguien tan valiente y lleno de la presencia de Dios como David, pero no, él escuchó las voces de la sociedad que los compararon a él y a David, y se sintió celoso por no tener los dones que tenía David.

Una de las pruebas que te van a decir que si  sabes quién eres y quién no eres, es que puedes celebrar, de corazón, el éxito de otros.

Dios nos dio dones y propósitos únicos.

Deje de compararse contra alguien, deje de comparar su llamado o sus propósitos con los de alguien más, al igual que Dios tiene una comunicación íntima y especial con cada uno de nosotros, así también nos dio propósitos que son únicos.

Dios nos dio propósitos diferentes a propósito, Dios nos dio dones y habilidades diferentes a propósito.

Si no tienes ese don es que por ahí no va tu propósito, pero seguro tienes otros dones que si van con ese gran propósito diferente.

Historia de Joel Osteen vs. Marcos Witt.

“Joel Osteen, es el pastor de Lakewood, una de las iglesias de mayor crecimiento en Estados Unidos, pasó de cinco mil miembros que tenía su padre, quien fue el pastor fundador, a unos treinta mil miembros ahora con él y de un ministerio televisivo que sólo se veía en Estados Unidos a tener un ministerio televisivo y de venta de libros de millones de personas alrededor del mundo.

El pastor Osteen cuenta que cuando contrató a Marcos Witt como pastor de la iglesia hispana de Lakewood, un día estaba viendo el servicio hispano y después de predicar Marcos Witt un excelente mensaje comenzó a ministrar y a cantar, y dice el pastor Joel Osteen que sintió celos y le dijo a Dios: Es injusto que él haga las dos cosas bien, predicar y cantar.

En ese momento oyó la voz de Dios que le dijo: Tú también tienes dos talentos buenos, predicar y elegir pastores hispanos que tienen muchos talentos.

Siempre habrá una manera de sentirnos bien.

Siempre habrá una manera de sentirnos bien cuando sepamos bien quién somos y quién no somos, qué podemos hacer y qué no podemos hacer. 

Siempre habrá una manera de sentirnos bien con nosotros mismos sin compararnos ni competir contra nadie.

Tú no estás ungido para competir con otros.

Algunas personas son inseguras porque prestan demasiada atención a lo que otros hacen, a dónde van, lo que visten o al auto que manejan, en vez de estar centrados en sus propias metas.

Por ejemplo: Las mujeres puede que tengan amigas que usan una talla de vestido más pequeña y se sienten inferiores por ello, o los hombres con otros que son Fit, que van al gym, o porque sus amigas o amigos hablan y caminan de tal forma o tienen tal o cual puesto o son empresarias o empresarios y nos queremos sentir mal por no tener esos cuerpos, ese dinero, esas empresas o ese estilo de vida.

Pero debemos entender que a cada quien Dios le ha dado sus dones de acuerdo a sus propósitos.

No quiere decir que no nos esforcemos por ser mejores.

No estoy diciendo que no nos esforcemos en mejorar nuestra alimentación o el cuidado de nuestro cuerpo o mejorar nuestra manera de estudiar o de trabajar o los negocios o el ministerio.

Pero no debemos caer en la tentación de aceptar “la competencia” en la que la sociedad nos quiere meter, aún desde niños: “Tienes que ser el mejor del salón” o mamá preguntaba “¿y cuánto sacó fulanito o menganito?” “Mira a tus primos, ellos si estudian y están en el equipo de futbol”.

Por eso el mensaje se llama: Pierde la competencia, cuando tú cabeza o alguien más te quiera llevar a competir con los talentos de otros o a comparar tus talentos con los de otros.

Se la mejor versión de ti.

Si vas a competir, esfuérzate por ser la mejor versión de ti mismo para Dios y para ti, y eso lo notarán los que están a tu alrededor. Algunos se alegrarán y otros podrán tener celos y envidias, pero ese será asunto de ellos.

Cuando descubrimos quiénes sí somos y quiénes no somos, entonces dejamos de competir y de querer parecernos a otros, dejamos de comparar propósitos y esto es muy liberador.

 

V          NO ESTAMOS DISEÑADOS PARA COMPARARNOS

(DHH) Romanos14:13 “13 Por eso, ya no debemos criticarnos unos a otros. Al contrario, propónganse ustedes no hacer nada que sea causa de que su hermano tropiece, o que ponga en peligro su fe.”

No estamos diseñados de parte de Dios para compararnos con otros o para criticarlos o criticarnos porque no somos como ellos.

Debes saber quien eres, como Juan el bautista, debes aprender a reconocer los grandes dones que Dios te dio para ese propósito único y especial.

A lo mejor se parece a algún otro pero a la vez será muy diferente y único.

Tal vez tu propósito sea ser un arquitecto, contador o abogado, un artista o un deportista, y sí, seguro habrá muchos de ellos que se podrán parecer a ti, pero a la vez serán muy diferentes.

Así  pasa a nosotros que el 99.9 % de nuestros genes son iguales, pero el 0.1% de ellos es diferente, y ese 0.1% diferente es el que nos hace muy diferentes. Iguales pero diferentes, ¿si me entiendes, cierto?

Copiándonos a nosotros mismos.

Supe el caso de un niño de siete años, Jaimito que nunca estaba contento consigo mismo, siempre estaba mucho más impresionado con Pablito, así que caminaba y hablaba como Pablito.

Pero a Pablito tampoco le gustaba mucho como era él mismo, pero admiraba mucho a Juanito, así que caminaba y habla imitando a Juanito.

Sin embargo, Juanito tampoco estaba a gusto con lo que él era y se la pasaba imitando a Raulito. Así que tenemos que Jaimito copiaba a Pablito, quien a su vez copiaba a Juanito, quien a su vez copiaba a Raulito. ¿Me sigue hasta aquí?

Pero ¿Qué cree que pasó? Que Raulito no estaba a gusto totalmente con lo que él era, pero admiraba mucho como era Jaimito, así que imitaba como caminaba y hablaba Jaimito.

Entonces resulta que Jaimito copiaba a Pablito que copiaba a Juanito que copiaba a Raulito que a su vez copiaba a Jaimito, y al final ¡Jaimito se estaba copiando a él mismo!

Esta historia destaca que muchas veces las personas a las que quieres parecerte ellas quieren parecerse a ti también.

No tiene nada de malo admirar gente.

No tiene nada de malo en admirar a otros o que alguien llegue a admirar algo de lo que tú haces, pero no busques intercambiar tu personalidad por la de ellos.

Lo mismo puede pasar con tus propósitos, podemos admirar el propósito o ministerio de otros, pero no debemos menospreciar los nuestros, porque son únicos y especiales.

Tal vez otros tengan iglesias más grandes, pero Dios a nosotros nos ha dado otros ministerios como la escuela y la formación del carácter en niños y jóvenes, y hemos bendecido en ambos ministerios a muchísima gente y eso nos hace únicos. ¿Amén?

Somos una iglesia fuerte que ha pasado por muchas situaciones y seguimos avanzando. Somos una iglesia unida que sabe amar a las personas, somos un refugio para gente rota como nosotros mismos, hablamos lo que Dios ve, lo que Dios ha hecho. Somos una iglesia de transformación con una presencia fuerte del Espíritu Santo, con olor fragante, con una unción fresca que vive en un ambiente honra y de milagros, somos una iglesia única para el corazón de Nuestro Señor. ¡Aleluya!

           

VI         QUIÉN ERES Y QUIÉN NO ERES

(NTV) Gálatas 6:4 “Presta mucha atención a tu propio trabajo, porque entonces obtendrás la satisfacción de haber hecho bien tu labor y no tendrás que compararte con nadie.”

Este mensaje se iba a llamar: Esta bien no estar bien.

Me he percatado que muchas veces hacemos demasiado drama cuando las cosas no nos están saliendo bien, y entonces nos deprimimos porque algo nos salió mal y luego nos deprimimos más por sentirnos deprimidos, y se vuelve una espiral sin fin que nos aleja de los verdaderos propósitos.

Saber quién eres y quien no, te ayudará a no caer en estas espirales porque no te compararás con nadie y cuando te salga algo mal, lo verás como parte de tu propio proceso y no como una calamidad.

Como dijimos la semana pasada, cada caída o fracaso te acerca más a tu meta, si te olvidas de compararte con las metas de otros. A lo mejor ellos son más rápidos que tú pero tus metas incluye bendecir a otras personas, etc.

Suburban vs. Fórmula 1.

Si comparas una camioneta Suburban contra un auto de la Fórmula 1 y quieres entrar a competir contra ellos, seguro que perderías de todas, todas, te rebasarían cien veces antes de que puedas llegar a la meta.

Esos autos corren a 350 kms/hr, y están fabricados especialmente para alcanzar grandes velocidades. Ah, pero tienen un detalle, solo cabe un pasajero, así que si el propósito fuera trasladar gente de una ciudad a otra de manera confortable, todo mundo preferirá la Suburban.

Así que pon en práctica el consejo que Dios nos da hoy: Pierde la competencia cuando de la carrera de propósitos se trata.

Tu propósito es único y especial y Dios te ha dado los dones únicos y especiales para lograr esos propósitos, en un tiempo y una forma que también son únicos y especiales.

 

VII        MINISTRACIÓN      

(PDT) 1ª Corintios 4:7 “¿Quién ha dicho que tú eres mejor que los demás? Todo lo que tienes, Dios te lo ha dado. Entonces, ¿por qué presumes como si lo hubieras conseguido tú mismo?”

Por esto es bueno que sepas quién eres y quien no eres para que no te distraigas queriendo imitar a los demás, para que no te aflijas si las cosas no te salen como a otros, y sepas quién sí eres para Dios, que dones te dio para que puedas llevar a cabo esos grandes planes y propósitos que Dios te ha dado.

Este es un gran consejo liberador de parte de Dios.

Así que, en la carrera de tu vida y tus propósitos pierde la competencia en la que te quieran meter, la carrera de tu vida es única y especial de parte de Dios.

Amén.

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