Predicaciones

I MENSAJE CENTRAL

La semana pasada Dios nos habló acerca de que somos incomparables, que no estamos diseñados para compararnos contra nadie.

Que debemos esforzarnos para ser nuestra mejor versión de nosotros sin necesidad de compararnos con alguien más. ¿Recuerda?

Hoy Dios nos quiere hablar acerca de cómo encontrar el camino hacia cómo ser nuestra mejor versión.

 

II          INTRODUCCIÓN

Quiero comenzar este mensaje desde la última parte del mensaje de la semana pasada:

(NTV) Gálatas 6:4 “Presta mucha atención a tu propio trabajo, porque entonces obtendrás la satisfacción de haber hecho bien tu labor y no tendrás que compararte con nadie.”

El problema más grande de compararnos con los demás no es el andar imitando o copiando su forma de hablar o de caminar, sino que, el verdadero gran problema es que ocultamos al verdadero yo, no lo queremos ver y mejor lo disfrazamos, lo escondemos detrás de disfraces y nos molestamos con nosotros mismos por ser como somos. 

Se nos olvida que Dios nos ama tal y como somos, Dios no nos ama por nuestros disfraces, Dios nos amó y ama a quienes somos, como escribió David:

Salmos 51:6 “ 6 He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, Y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría.”

Dios ama la verdad en lo íntimo en todos los sentidos, Dios ama a nuestro yo verdadero con todos nuestros errores o situaciones.

El problema no es saber que Dios nos ama, el problema es que si vivimos una vida disfrazando a nuestro yo, eso, tarde o temprano nos va amargando y frustrando y nos aleja de los grandes planes y propósitos de Dios.

Dios quiere que seamos la mejor versión que él creo de nosotros y que nos deshagamos de los disfraces.

De aquí que el mensaje de hoy lleva por título: Mi mejor versión (Quitándome el disfraz).

 

 

III         EL PROBABLE ORIGEN DEL DISFRAZ

Hay una película que nos puede ayudar a descubrir cual es el origen de nuestro disfraz.

Esa película se llamó: Mi encuentro conmigo, con Bruce Willis.

En la película él se llama Spencer y es una persona de casi cuarenta años, que trabaja como asesor de imagen, es prepotente, maltrata a sus colaboradores, no se quiere casar con su novia y vive solo para trabajar, no tiene amigos íntimos,, no deja entrar a nadie a su vida, hasta que un día se topa en su casa con un niño regordete de ocho años, que por alguna extraña razón es él mismo cuando tenía esa edad.

 

El niño se deprime cuando descubre en que ha terminado su vida, una vida aburrida, sin amigos, sin diversión, y Spencer se deprime aún más, cuando recuerda el niño gordito torpe y buleado que él fue.

Y comienza a recordar que su padre lo maltrataba mucho, que el padre echó la culpa de la muerte de su madre, que tenía una muy mala relación con él, y que por esas acusaciones de su padre, él, como niño, fue cerrando su vida para que nadie se acercara, fue convirtiéndose en alguien que se disfrazó de un exitoso asesor de imagen.

Spencer comienza a tratar con su pasado, para vivir su presente y mejorar su futuro.

El disfraz viene de nuestros adultos.

Y creo que muchas veces esa necesidad de disfrazarnos de alguien más y ponernos un disfraz de quien quisiéramos ser viene de que nuestros adultos, de una u otra manera, nos hicieron sentir que así como éramos no estaba bien.

Y pensamos: Él no puede estar equivocado. Les atribuimos infalibilidad a esos adultos que son nuestros referentes.

Al final de la película, Spencer entiende que su padre lo trataba así por el miedo que él sentía de quedarse sin su esposa y no poder cuidar a su hijo.

 

MI historia.

“Mi papá no se daba cuenta pero el menospreciaba mi delgadez, cuando le pedí que me enseñara a manejar me dijo que no porque no podría darle vuelta al volante del auto, y eso que era de dirección hidráulica. Pero él me consideraba una persona débil.

El partido de fútbol.

Yo, como todos los hijos me despedazaba por agradarlo, quería que él se sintiera orgulloso de mí, pero me salió el tiro al revés.

Tendría como 10 años, yo le pedía que me fuera a ver jugar futbol y nunca iba, pero un día fue, y me súper esforcé por agradarlo, peleaba todas las pelotas, sin miedo, “flaquito pero entrón”, subía, bajaba, me barría, y cuando terminó el partido no hubo palabras de aliento, ni de ánimo, él dijo: No vuelvo a venir a verte jugar y yo le dije ¿Por qué? Porque te quieres medio matar persiguiendo todas las pelotas porque papito está aquí y no te vayas a lastimar. Y efectivamente, nunca más volvió a ir a verme jugar.

Esa era la constante en mi niñez, no había palabras de afirmación, había mucho bullying en la escuela, pero no era contra restado con amor expresivo en mi casa, y eso me marcó.

Ahora entiendo que mi padre debió haber sentido mucho miedo de que yo me lastimara, ya había visto morir a una hija y no querría que nada malo les pasara a sus otros hijos, era su forma de “no saber cómo manejar sus miedos”.

Pero nosotros entendemos que ellos quieren que seamos otros.

Mi juventud.

Crecí queriendo agradar a la gente, crecí esperando la aprobación y el reconocimiento de la gente, muchos años no me acepté como era, pienso que por eso quería ser Instructor de desarrollo humano, para ayudar a otros como no me ayudaron a mí.

Admirábamos al instructor y yo decía: así quiero que me admiren, esto significaba: Quiero ser aceptado.

En una frase: No estaba a gusto conmigo y comencé a construir mi disfraz.

Por fuera parecía una persona segura y alegre, pero por dentro era alguien muy inseguro queriéndose parecer a otro que no fuera yo.”

(NVI) Proverbios 20:27 “27 El espíritu humano es la lámpara del Señor, pues escudriña lo más recóndito del ser.”

El Espíritu Santo se comunica con nuestro espíritu y comienza a escudriñarnos hasta lo más recóndito de nuestro ser y eso es lo que nos hace darnos cuenta de que no estamos a gusto cuando no estamos siendo auténticos, cuando no queremos tener el diseño que Dios creo para nosotros.

 

 

IV      INICIANDO EL CAMINO HACIA MI MEJOR VERSIÓN

Si queremos encontrar nuestra mejor versión, el camino más corto comienza reconociendo cual es nuestra verdadera versión de hoy.

Dios nos da cinco pasos para iniciar la ruta hacia tu mejor versión.

1.- ¿Quien eres?

Hoy Dios nos está llevando a un punto como la gente quiso llevar a Juan el bautista:

Juan 1:22 “22Le dijeron: ¿Pues quién eres? para que demos respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo?”

¿Quién eres? ¿Qué dices de ti mismo? Pero en verdad. ¿Quién eres en verdad? Eso que tú sabes de ti mismo que sólo eres capaz de platicarlo con gente de mucha confianza, deberíamos poder platicarlo con más personas de nuestro alrededor, porque así somos, así nos hizo Dios.

Proverbios 15:13 “ 13 El corazón alegre hermosea el rostro; Mas por el dolor del corazón el espíritu se abate.”

Lo que dice aquí es que el corazón triste afea el rostro y el alma se entristece. Cuando un niño o una niña se siente triste también se siente feo o fea cuando se mira al espejo.

Por eso le hacen caso al primero que les dice: “Mi chula”, porque piensan: él si ve lo que otros no pueden ver en mí, ni yo”.

Otra versión dice:

(NVI) Proverbios 15:13 “13 El corazón alegre se refleja en el rostro, el corazón dolido deprime el espíritu.”

Cuando en lo profundo del corazón hay dolor, el alma se deprime.

Si vives en un estado de tristeza o depresión, esa es una buena señal de que no te estás aceptándote como eres, que estás intentando ser otro y como no puedes, te entristeces y hasta te deprimes.

¿Quieres encontrar el camino hacia tu mejor versión? Tienes que ser brutalmente honesto contigo mismo.

A veces el disfraz que construimos nos proporciona cierto éxito y nos hace sentir bien, pero tarde o temprano ese disfraz se caerá y estaremos solos y habremos perdido muchos años, y lo peor nos habremos desviado de nuestro propósito.

El que falsea sus dones, falsea su propósito.

Tu don es la guía de tu propósito, por eso no debemos disfrazar nuestros dones ni menospreciar los que Dios si nos dio.

2.- ¿Dónde estás?

Genesis 3:8-11 “ 8Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto. 9Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? 10Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí. 11Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses? ”

Dios le preguntó a Adán ¿Dónde estás tú? No le preguntó ¿Qué hiciste? No le preguntó: ¿por qué lo hiciste? ¿Quién te enseñó que era malo estar desnudo para esconderte?

¿Si me explico? Dios no le preguntó a Adán por lo que había hecho, sino le preguntó si sabía, aún después de desobedecer, ¿Dónde estaba? ¿Qué tierra pisaba? Dios estaba ahí, lo sabía todo, lo veía todo, pero aún así le preguntó si sabía ¿Dónde estaba? Si sabía que estaba en la tierra de la misericordia, en la tierra de la bondad, en la tierra de la gracia.

Eso significa que cuando descubres lo que no puedes hacer bien, no importa cuál sea el origen, es muy importante reflexionar si de verdad sabes que terreno estás pisando, si de verdad estás creyendo en la bondad de Dios sobre tu vida y que no necesitas esconderte tras de ningún disfraz para vivir tu vida.

La mayoría cree estar parado en la tierra del castigo de Dios y de la mala consecuencia por fallar, como si Dios hiciera esa pregunta con el cinturón en la mano.

3.- ¿Sabes dónde te escondes?

Entendidos estos dos primeros puntos, estás listo para reflexionar en oración cuál o cuáles son tus disfraces, dicho de otra forma es descubrir donde te escondes.

Hay gente que se esconde en sus dones, ¿cómo? los enaltece, enaltece lo que hace bien, pero no puede hablar de lo que hace mal, otros se esconden en su profesión, otros en la comida, otros en el juego, en la banalidad, y eso no trae solución, solo será un paliativo, otros en el ministerio, otros en los pendientes, en los hijos, en los padres, en los amigos, otros en el dinero, en el estatus social, otros en las redes sociales, pero viven escondidos de quien verdaderamente son porque no saben donde están pisando, y pasan su vida filtrándola por lo que está bien y lo que está mal, y ellos creen que buena parte su vida está mal.

Y eso produce el esconderse de Dios, porque Dios te creó con todos esos dones y con la falta de todos esos otros que tú quisieras, pero que no te son útiles, por ahora para los propósitos de este momento.

Puedo creer que eso va cambiando conforme al tiempo de su propósito. 

Supe de un predicador que vestía ropas muy finas cuando predicaba y un día escuchó a otro predicador, en un congreso, hablar de las arenas que se nos meten en el alma, y tras bambalinas se quitó el reloj Rolex, este otro predicador pensaba que se lo iba a regalar a él, pero no, se quitó el Rolex para enseñarle la herida en su muñeca de un intento de suicidio, de hacía algunos pocos años atrás.

Este predicador ocultaba su dolor con ropa fina y relojes caros marca Rolex.

 

4.- Vivir bajo el árbol de la vida.                                                                                                                                                                                                                                                                                                

Lo único que puede sanar nuestras heridas para dejar de disfrazarnos y ser verdaderamente nosotros, como Dios nos hizo: es la gracia, la que se conformó en la cruz:

Mucha gente intenta cambiar a la luz de hacer lo bueno y dejar de hacer lo malo, pero eso es muy difícil o prácticamente imposible, por algo muchas personas piensan que la gente no cambia.

Te voy a decir de dónde viene esto:

(NVI) Génesis 2:9 y 15-17 “ Dios el Señor hizo que creciera toda clase de árboles hermosos, los cuales daban frutos buenos y apetecibles. En medio del jardín hizo crecer el árbol de la vida y también el árbol del conocimiento del bien y del mal. 15 Dios el Señor tomó al hombre y lo puso en el jardín del Edén para que lo cultivara y lo cuidara, 16 y le dio este mandato: Puedes comer de todos los árboles del jardín, 17 pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no deberás comer. El día que de él comas, ciertamente morirás.”

Todos los demás árboles eran árboles, déjeme decirle, neutrales, pero había dos árboles muy importantes, tan importantes que sus nombres aparecen en este pasaje: El árbol de la vida y el árbol del conocimiento del bien y del mal.

Y Dios les enseña a Adán y a Eva como les convenía vivir, les dijo que les convenía comer de todos los árboles menos del árbol de conocimiento del bien y del mal, porque el día que comieren de él morirían.

Y esto es lo que hoy sigue pasando, gente que ama a Dios, que ama a Cristo viviendo bajo el árbol del conocimiento del bien y del mal, viviendo impulsados por lo que es bueno y lo que es malo, en vez de vivir por el árbol de la vida que ahora entendemos es la gracia, porque todo lo que nos da vida es por su gracia.

Eso fue lo que nos llevó a disfrazar nuestra personalidad, porque la verdadera personalidad está mal y la que vemos en otros o asumimos que otros quieren de nosotros, esa está bien.

Cuando filtramos nuestra vida a través de lo que está bien y lo que está mal, vivimos comiendo del árbol del bien y del mal en lugar del árbol de la vida.

Por la caída del hombre nuestra vida apunta a vivir bajo el árbol del bien y del mal, por eso la religión sigue enseñando así, pero lo único que nos va a quitar el disfraz es el árbol de la vida, el árbol de la gracia, porque entendemos que por gracia Dios nos hizo perfectos como somos y es en la obra consumada de la cruz que podemos encontrar nuestra verdadera personalidad.

Que Dios te hizo así, él sabe que dones tienes y cuales no, que está bien no estar bien, que nadie tiene el poder de decirnos lo que debemos ser o no ser, hacer o no, solo Dios.

No te estoy invitando a que seas necio.

Ahora, no te estoy invitando a que seas necio y no quieras cambiar.

No te estoy invitando a no escuchar a nadie y no seguir consejos, creyendo que todo lo que haces está bien porque así eres, así te hizo Dios y ya está.

No, lo que te he ensañado es que éste es solo el inicio de tu camino hacia la mejor versión de ti que es la versión que Dios diseñó en ti. ¿Me sigue?

Necesitas aceptar completamente quien eres hoy, pero también saber que estás siempre pisando la tierra de la misericordia y la bondad de Dios que llamamos su Gracia.

 

5.- Llevar nuestra carne a la cruz.

Lo que no pudimos entender y manejar en el pasado, hoy nos dominará a nosotros y por eso elegimos disfrazarnos de alguien más porque nos da vergüenza quienes somos.

Sentimos culpa por lo que hacemos, pero sentimos vergüenza por lo que somos.

Eso que no podemos manejar se convirtió en parte de nuestra carne que nos hace pecar, nos hace caer y que hace que no nos sintamos bien como Dios nos hizo.

Nos hace no estar a gusto con los dones que nos dio, y anhelar los dones de otros o los propósitos de otros.

Gálatas 5:19-21 y 24 “19Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia,20 idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías,21 envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios.24Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.”

La obra consumada de Cristo en la cruz se llevó nuestros pecados y nuestras enfermedades, pero también se llevó ahí nuestra carne.

Su inmenso e inmerecido favor implica tu salvación, tu sanidad y la crucifixión de tu carne que no te deja ser como Dios te diseñó para ser.

Lleva todo tu dolor y tus disfraces a la cruz, ora creyendo que tu carne caída que te ha estorbado y te ha puesto el disfraz de una persona que no eres también fue llevada a la cruz por el inmenso e incondicional amor de Dios por ti.

Solo su gracia es en lo que podemos confiar para ser la mejor versión de nosotros, si confiamos en tener que hacer las cosas bien y dejar de hacer las cosas mal, moriremos en el intento porque a nuestra carne le gusta vivir comiendo del árbol del bien y del mal.

 

 

VII     MINISTRACIÓN

Esto es lo que Cristo hizo para ti en la cruz, te dio salvación, te dio sanidad total y te liberó de tu carne caída para que nada te estorbe y puedas llevar a cabo los grandes planes y propósitos que Dios tiene para ti.

Dios te amó aun antes de la cruz, la cruz es la mayor evidencia del amor incondicional de Dios, pero Dios siempre ha amado a sus hijos, y es a través de creer bien en todo lo que la gracia hace para ti que tu podrás alcanzar la mejor versión de ti mismo.

La gracia derramada por la cruz debe ser el motor que mueva toda nuestra fe y todas nuestras obras.

La gracia te impulsará a hacer las cosas bien, pero viviendo bajo el árbol de la vida y no bajo el árbol de la muerte del conocimiento del hombre del bien y del mal.

Amén. 

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