Predicaciones

I MENSAJE CENTRAL

La semana pasada Dios nos habló acerca de que debemos despojarnos de todo peso y del pecado que nos asedia para correr con paciencia la carrera de la vida que tenemos por delante, y aprendimos que debemos soltar la piedra del juicio y de la falta de perdón.

Hoy Dios quiere que nos despojemos de otro gran peso que acostumbramos a cargar sin razón, haciéndonos más difícil correr nuestra carrera.

II          INTRODUCCIÓN

 

Isaías 6:1-8 “1En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo. 2Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. 3Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria. 4Y los quiciales de las puertas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo. 5Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos.6Y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas; 7y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado. 8Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí.

Dios quería enviar a Isaías a predicar y a profetizar y entonces, le permite tener una visión de su gloria, y en ese momento Dios se da cuenta que Isaías viene cargando el peso del pecado y de la culpa y entonces envía a uno de los serafines a que con un carbón encendido toque sus labios y le diga: He aquí que esto tocó tus labios y es quitada tu culpa y tu pecado.

No solo lo libró del pecado sino también de la culpa. Por eso es importante que entendamos que debemos despojarnos del pecado que nos asedia, pero también de la culpa que nos generan los errores cometidos o las situaciones vividas.

La culpa es como una gran piedra que la gente carga y con ella va por la vida cometiendo error tras error, por eso Dios, antes de enviar a Isaías, le quitó la culpa, y eso mismo quiere Dios hacer con nosotros, quiere enviarnos a correr con el propósito de nuestra vida pero nos quiere quitar ese gran peso llamado culpa.

Hablando de cargas pesadas y ligeras.

Ahora, cuando hablamos de cargas pesadas, viene a mi mente la leyenda del Pípila, ese hombre mestizo que se arrastró con una piedra de cantera al lomo para evitar que las balas del ejército realista lo mataran antes de poder quemar el portón de la fortaleza llamada “la Alhóndiga de Granadita” y así el ejército insurgente de Miguel Hidalgo y el General Allende pudieran tomarla y ganar la batalla que nos diera nuestra independencia. 

Y por otra parte, hablando de cargas ligeras, me viene a la mente la imagen de esa gente que en viajes largos a Europa y a otros destinos, viaja con solo una pequeña mochila casi vacía en la espalda.

Ellos saben viajar ligero y disfrutar el viaje, de aquí que a este mensaje le puse por título: De Pípila a mochilero.

 

III       TRATAMOS MAL CON LA CULPA

En el huerto del Edén, Adán y Eva experimentaron, lo que era el pecado, la culpa y la vergüenza y eso los llevó a esconderse de Dios.

(NVI) Génesis 3:8 “Cuando el día comenzó a refrescar, oyeron el hombre y la mujer que Dios andaba recorriendo el jardín; entonces corrieron a esconderse entre los árboles, para que Dios no los viera.”

Eso es lo que hace la culpa, hace que de muchas maneras nos queramos esconder de Dios y por eso es por lo que tratamos mal con la culpa.

 

 

Definición de la culpa en psicología.

La psicología dice que la culpa es un mecanismo en el que, a partir de un acto u omisión, realizamos un “juicio moral” de nuestra conducta (incluso de nuestros pensamientos) y “dictaminamos” que hemos cometido un error y deberíamos tener un castigo.

La mayoría de las personas no saben tratar con la culpa, muchos cristianos se saben perdonados pero siguen cargando la culpa de ese evento o de ese hecho u omisión.

Hay muchas maneras de tratar mal con la culpa, las más comunes son:

1.- La adormecemos. Mucha gente busca adormecer la culpa que siente por no poder ser lo que la gente espera que sea, un buen padre o madre, un buen proveedor, un buen esposo o esposa, y entonces utilizan mecanismos para adormecerla como el alcohol o las drogas o cualquier otra adicción.

2.- La disfrazamos. Esto sucede cuando utilizamos mentiras para cubrir aquello por lo que nos sentimos culpables y vamos sumergiéndonos en un mundo de mentiras, una lleva a otra, cada vea más sofisticadas, y nuestra vida, en esa área, se vuelve una mentira.

3.- La negamos. Decimos: Eso nunca pasó y creemos que no debe salir a la luz. No buscamos ayuda, pero ese sentimiento de culpa, tarde o temprano, nos cobrará factura y saldrá a la luz.

 

4.- La minimizamos. “Bueno, si me equivoqué, pero solo un poco, no afectó a nadie, ni a mí”. Y por dentro puede ir creciendo cada vez más ese sentimiento de culpa a medida que lo minimizamos.

 

5.- La castigamos. Por ese sentimiento de culpa nos ponemos cargas y castigos, nos ponemos reglas estrictas, nos flagelamos y flagelamos a los que están a nuestro alrededor, porque no nos sentimos con derecho de disfrutar la vida, porque pensamos que la vida tiene que ser dolorosa.

 

6.- La desviamos. Desviamos la atención de la culpa echándole todo el tiempo la culpa a otros, gritándoles, peleando con otros todo el tiempo, porque no queremos atender ese sentimiento que yace en nuestro interior.

 

7.- La neutralizamos. Decimos que nunca más cometeremos ese error o cualquier otro, pero eso es muy peligroso porque lo más probable es que suceda, y eso generará mas culpa y más frustración.

 

8.- La sustituimos. Es cuando la culpa nos hace darle a la gente de nuestro alrededor cosas que “sustituyan ese error o esa situación”, por ejemplo cuando una madre soltera o unos padres emproblemados les dan a sus hijos cosas materiales o no les ponen límites para compensar esa situación de no tener un hogar “normal”. 

 

Nada hagamos por culpa.

 

No deberíamos hacer nada por culpa, cierto es que cometimos un error, no cometamos un segundo error al querer “compensar” sintiéndonos culpables de algo, lo peor que nos puede pasar es servir a Dios por culpa.

Dicen que las florerías no viven de vender flores, ni siquiera viven del amor, sino que viven del sentimiento de culpa de las personas que quieren mitigarlo con flores. Podría parecer que día del amor hay uno en el año, pero hay 364 días de la culpa y eso hace mayormente, que la gente compre flores.

Probablemente Abraham sintió culpa por Lot y se lo llevo a un viaje al que Dios le había dicho que fuera solo con Sara, su mujer, y eso casi le cuesta la vida y el ministerio.

 

IV         DEJEMOS LA CULPA ATRÁS

 

Todos hemos hecho cosas de las que nos arrepentimos, pero es necesario que verifiquemos, que, aunque nos sepamos perdonados por Dios de nuestro error o descuido, por lo que sea, no tengamos a la culpa viviendo en nuestras espaldas como la losa de cantera del Pípila, que nos esté haciendo vivir agachados, sin poder mirar al frente, al futuro, llenos de “métodos” para ocultarla, en vez de entregársela al que pagó por tus pecados y tus culpas.

Filipenses 3:13 “13Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante,”

El apóstol Pablo dice: Olvidando ciertamente lo que queda atrás. Todo lo que hayamos vivido que no haya sido conforme al Señor debemos dejarlo atrás.

Imagínese si el apóstol Pablo se hubiera quedado con la culpa por todos los asesinatos que había consentido, él era una especie de Osama Bin Laden, que orquestaba a la gente para que matara cristianos, hoy les llaman terroristas.

Un día Saulo de Tarso vio el resplandor de Jesús, y eso fue suficiente para poder dejar atrás toda la sangre de sus manos de todos los cristianos que había consentido matar y convertirse en el apóstol Pablo.

 

Historia del Pastor Yonggi Choo.

 

“Cuenta el pastor Yonggi Cho de Corea, que un día vino a buscarlo un empresario para decirle que estaba muy preocupado porque nunca había visto sonreír a su esposa, el pastor atendió a la esposa y ella le contó que no se sentía digna del Señor porque cuando ella se quedó huérfana de padre y madre, su hermana mayor la llevó a vivir con ella y la mantuvo, pero un día la hermana cayó enferma, y cuando ella estaba en el hospital, dice la joven: Tuve una aventura con su esposo, con mi cuñado, y así fue mientras ella estaba en el hospital, cuando ella sanó y regresó a la casa, yo me sentía muy mal, dijo la joven, no me perdonaba lo que le había hecho a mi hermana. Yo ya no quería seguir con eso, pero mi cuñado me chantajeaba con decirle todo a mi hermana si yo no cedía a sus impulsos. Y prometí casarme con el primer hombre que me lo pidiera, y el lo hizo. El me trata bien, tengo todo, pero no me siento diga de disfrutarlo por lo que le hice a mi hermana.

 

Y eso me hace sentir muy culpable e indigna.

           

Así que el pastor Cho la llevó al puente de un lago que estaba próximo y le dijo que recogiera una piedra grande, y él recogió una piedra más pequeña, y le dijo vamos a arrojarlas al lago, yo primero, y el aventó primero su piedra, y después le dijo a la joven, ahora tira la tuya, y al hacerlo, le preguntó: ¿Cuál fue la diferencia entre tu piedra y la mía? Si acaso el ruido que hicieron al caer, pero las dos están ahora en el fondo del lago.”

 

Así es Dios, el perdona nuestros errores, sean pequeños o grandes, de la misma manera, todos, grandes y pequeños están en el fondo del mar con todo y culpa.

 

 

V          ENTREGUEMOS LA CULPA AL SEÑOR

 

A veces la culpa viene, ni siquiera de algo que hicimos mal, sino de algo que nos sucedió mal. No importa, puedes tirar esa losa de tu espalda y lo único que hará diferencia pueda ser el ruido que hará en el cielo al entregarla, pero Dios te quitará esa losa y te pondrá una mochila muy ligera en tu espalda.

 

(NTV) Salmo 32:1-2 y 5 “1 ¡Oh, qué alegría para aquellos a quienes se les perdona la desobediencia, a quienes se les cubre su pecado! 2 Sí, ¡qué alegría para aquellos a quienes el Señor les borró la culpa de su cuenta, los que llevan una vida de total transparencia! 5 Finalmente te confesé todos mis pecados y ya no intenté ocultar mi culpa. Me dije: Le confesaré mis rebeliones al Señor, ¡y tú me perdonaste! Toda mi culpa desapareció.”

Hoy es el día en que toda tu culpa desaparecerá si se la entregas a Jesús.                

No se trata de ser un “cara dura”.

No se trata de ser un “cara dura” y que nada te importe y todo se te resbale, no, estamos hablando de arrepentimiento por el pecado y de soltar la culpa, de despojarnos del pecado y de esos otros pesos.

Cuando mi padre enfermó, fue después de un fuerte desacuerdo que tuvimos en la forma en la que él, al regresar a casa, quería manejar la casa, o manejarse él, días después le dieron dos infartos cerebrales, y por algún tiempo, me sentí culpable de esos eventos, pero después Dios me hizo saber que mi padre  tomó sus decisiones y que yo no debía cargar con esa culpa.

El diablo quiere convencerte.

No es fácil, porque el diablo te quiere convencer de que “lo justo es que te sientas culpable” de una forma u otra, pero no, la culpa ya se la llevó el Señor en el madero y no la debemos bajar de ahí para ponerla como losa en nuestra espalda.

(NTV) Mateo 11:28-30 “28 Luego dijo Jesús: Vengan a mí todos los que están cansados y llevan cargas pesadas, y yo les daré descanso. 29 Pónganse mi yugo. Déjenme enseñarles, porque yo soy humilde y tierno de corazón, y encontrarán descanso para el alma. 30 Pues mi yugo es fácil de llevar y la carga que les doy es liviana.”

 

VI      MINISTRACIÓN

Cierra tus ojos y busca en tu interior, si Dios ha hablado a tu corazón, él te mostrará cual esa culpa o culpas con las que equivocadamente has cargado en tu vida y arrójala al lago que el Señor pone por delante de ti.

Quítate esa losa de cantera que te habías puesto en la espalda y recibe esa mochila ligera del Señor para que tu viaje por esta vida sea ligero y sin culpa.

Amén.

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