Dom, Sep 05, 2021
Favor inmerecido
1 John 4:17 por Luis David Meza

I MENSAJE CENTRAL

De las dos semanas anteriores hemos aprendido en la palabra de Dios que las bendiciones que Dios ha pronunciado para nosotros nada ni nadie las puede revocar y que somos realmente exitosos porque Jesús está con nosotros.

Serie: AÑO 2021 “Y RESPONDERÁ DIOS Y SERÁ AÑO DE RESTITUCIÓN

Hoy Dios quiere hablarnos acerca del derecho que tenemos a recibir el inmerecido favor de Jesús para nosotros.

 

II          INTRODUCCIÓN

Todos los creyentes queremos que nos vaya bien en nuestro matrimonio, la familia, la escuela, la universidad, el trabajo y también en el ministerio.

Anhelamos disfrutar de las mejores y más ricas bendiciones de nuestro Dios.

Deseamos su salud, su provisión y su poder fluyendo en nuestras vidas de manera poderosa.

Todas estas bendiciones vienen dentro del inmerecido favor de Dios.

Salmo 103:4 “ 4 El que rescata del hoyo tu vida, El que te corona de favores y misericordias;”

Su corona de espinas nos trajo nuestra corona de favores.

Además dice la palabra de Dios que tenemos derecho al inmerecido favor de Jesús, De aquí que el mensaje de hoy lleva por título: Favor inmerecido.

 

III         EL APASIONADO AMOR DE JESÚS POR TI

Antes de explicar a qué nos referimos cuando decimos que tenemos “derecho” al inmerecido favor de Jesús, vamos a comenzar por entender lo que verdaderamente significan su gracia y su favor.

Para entender lo que significan su gracia y su favor debemos hablar primero del apasionado amor de nuestro Señor Jesús por ti y su deseo de que tengas éxito en tu vida, de que te vaya bien en todo lo que hagas.

(NVI) Salmo 35:27(b) “27…, y digan siempre: Exaltado sea el Señor, quien se deleita en el bienestar de su siervo.”

A Jesús le interesa tu bienestar total. Le interesa tu familia, tus estudios, tu matrimonio, tu salud, tu ministerio, en una palabra, le interesa tu plenitud.

Ese bienestar no sólo es para cosas grandes.

Ese bienestar total no se refiere solo a cosas grandes o importantes, se refiere también a las cosas más pequeñas de ti, créeme, si te importa a ti a Él también le importa.

Si te acercaras a Él en oración para hablarle de ese grano en la nariz o de esos kilitos de más que quieres que te ayude a rebajar, Jesús no se burlará de ti o te diría: “Oye, no tengo tiempo para esas cosas, ven cuando tengas algo importante que orar”. No, ¡no haría eso!

Jesús nunca minimizará tus preocupaciones por considerarlas minucias.

Jesús es alguien con quien puedes ser tal cual eres, sin fingir y sin actuar. No necesitas quedar bien con él, ni mostrar una imagen como la que tienes que mostrar a tus amigos, en tu escuela o en tu trabajo.

Tus amigos se burlarían de tu grano en la nariz o de esos kilitos de más, Jesús no. ¿Me sigue?

A Jesús le interesan tus problemas y tus desafíos por pequeños que parezcan a los ojos de los demás. Él quiere llorar contigo en tus momentos de tristeza y alegrarse en tus momentos de celebración.

Como hombre y como Dios.

Jesús es cien por ciento hombre y, al mismo tiempo, cien por ciento Dios. Como hombre puede entenderte y se identifica con todo lo que te ha pasado, te pasa y te pasará en esta vida, pero como Dios, todo su amor, su poder y su autoridad están de tu lado.

 

IV         ENTENDIENDO EL INMERECIDO FAVOR DE DIOS

Entonces ¿Entiendes que eres importante para Jesús? Grábatelo en tu corazón con toda certeza: que Jesús te conoce perfectamente, y aun así, te acepta y te ama perfectamente. 

Cuando empieces a entender eso, verás que es de verdad un favor inmerecido.

Lo que hace su inmerecido favor.

Ese favor de Jesús que no mereces, que no te has ganado por méritos propios, ni podrías ganártelo con ninguna obra de tus manos, es el que perfeccionará toda imperfección y debilidad en tu vida.

Si estás pasando por circunstancias difíciles, desafíos, problemas familiares, enfermedades, adicciones, escasez, tristeza o soledad, solo por mencionar algunas, el inmerecido favor de Jesús te protegerá, te librará, te restaurará, te proveerá y te prosperará.

Su plenitud.

Su inmerecido favor te transformará y te dará plenitud.

La plenitud en Cristo viene cuando entendemos su inmerecido favor, lo creemos y lo recibimos.

Formas de vivir la vida.

Hay dos formas de vivir la vida: 1) Basándote totalmente en tus propios esfuerzos o en el 2) inmerecido favor de Dios.

Dicho de otra forma: O dependes del “merecido favor de tus esfuerzos” o vives dependiendo del inmerecido favor de Jesús consumado para ti en la cruz.

No hay más caminos para vivir la vida, no puedes querer uno intermedio donde mezcles tus propios esfuerzos con la gracia de Dios (que es su favor inmerecido). Al momento que a la gracia la mezclas con tus “píldoras de Meritolandia”, quedas del lado de la dependencia de ti y tus esfuerzos.

Depender de tus propios esfuerzos para merecer el favor de Dios es considerado “una obra que conduce a la muerte”, y Dios desea que dependamos totalmente del inmerecido favor de Jesús.

Bajo el pacto de la Gracia.

Vivimos bajo el pacto de su gracia que significa literalmente: Regalo o favor inmerecido.

(NTV) Hebreos 8:6-7 “Pero ahora a Jesús, nuestro Sumo Sacerdote, se le ha dado un ministerio que es muy superior al sacerdocio antiguo porque él es mediador a nuestro favor de un mejor pacto con Dios basado en promesas mejores. Si el primer pacto (El de la Ley) no hubiera tenido defectos, no habría sido necesario reemplazarlo con un segundo pacto (El de la Gracia). 

Vivimos bajo un pacto que hizo Dios con su pueblo: El de vivir dependiendo de su inmerecido favor y no dependiendo de nuestros propios esfuerzos.

(NTV) 2ª Pedro 1:2 “Que Dios les dé cada vez más gracia y paz a medida que crecen en el conocimiento de Dios y de Jesús nuestro Señor.”

Que vayamos creciendo en gracia delante de Dios por cuanto crecemos en conocer y creer en su gracia que es su favor inmerecido. Amén.

 

V          TU DERECHO AL INMERECIDO FAVOR DE DIOS

Si ya entendimos lo que significa el inmerecido favor de Jesús ahora pasemos a entender como es que tenemos “derecho” a algo que ni siquiera merecemos.

¿Conoces las respuestas a estas preguntas?

¿Por qué puedes esperar que te ocurra lo bueno?

¿Por qué puedes pedirle a Dios cosas grandes?

¿Por qué puedes disfrutar del inmerecido favor de Dios?

(NVI) 2ª Corintios 5:21 “21 Al que no cometió pecado alguno, por nosotros Dios lo trató como pecador, para que en él recibiéramos la justicia de Dios.”

La respuesta está en el Gólgota, en el lugar en donde el que no cometió pecado se convirtió en pecado para que tú y yo recibiéramos la justicia divina.

Su justicia es lo que genera tu derecho a recibir el inmerecido favor de Dios.

Así que puedes esperar que te ocurra lo bueno, puedes pedirle cosas grandes a Dios y puedes disfrutar del inmerecido favor de Jesús, ¡porque has recibido la justicia de Dios a través del sacrificio de Jesús en la cruz!

Tu justicia en Cristo es el fundamento celestial de porque tienes derecho a recibir su inmerecido favor.

Si Jesús lo merece tú lo mereces.

Recuerda que Dios te ve a través del lente de la cruz de su Hijo, y como hoy su Hijo se merece bendiciones, paz, salud y favor, tú también lo recibes.

El sí se lo merece y por eso tú también lo puedes recibir, si lo crees.

(NTV) 1ª Juan 4:17 “ 17 y al vivir en Dios, nuestro amor crece hasta hacerse perfecto. Por lo tanto, no tendremos temor en el día del juicio, sino que podremos estar ante Dios con confianza, porque vivimos como vivió Jesús en este mundo.”

Piensa en esto cuando estés orando o en tiempos de necesidad y piensa si Jesús se merecería eso que tú estás pidiendo o necesitando, si tú crees que Jesús si se lo merecería, entonces tú también te lo mereces, porque a los ojos de Dios tu vives en este mundo como Jesús vivió.

Mi amado, esto es maravilloso, porque Jesús vivió en perfección y fue justo delante del Padre y entonces el Padre creó todas las cosas por él y para él, así que si tú te sabes justo, no por tus obras, sino por la obra de Jesús en la cruz, entonces todas las cosas también están creadas para ti.

Que la cruz sea suficiente.

(NVI) Gálatas 2:21 “ 21 No desecho la gracia de Dios. Si la justicia se obtuviera mediante la ley, Cristo habría muerto en vano.”

Si tú intentas ser justo por tus obras y te esfuerzas en cumplir con los Diez Mandamientos para merecer la justicia, lo que estarías haciendo es negar la cruz de Jesús, como su dijeras: La cruz de Jesús no fue suficiente.

Por eso no debemos tomar este versículo a la ligera, mira como lo dice la versión Nueva Traducción Viviente:

(NTV) Gálatas 2:21 “ 21 Yo no tomo la gracia de Dios como algo sin sentido. Pues, si cumplir la ley pudiera hacernos justos ante Dios, entonces no habría sido necesario que Cristo muriera.”

Jesús pasó por todo ese sacrificio y dolor extremo para que tú y yo hoy nos supiéramos justos a los ojos de Dios, y entendamos que todo lo que se merece Cristo, también tú te lo mereces porque para ti Jesús no murió en vano sino por un gran propósito: Que tuvieras ganado el derecho a su inmerecido favor en todo, desde tu salvación hasta la cosa más insignificante, pero importante para ti.

Su favor incluye tu sanidad.

1ª pedro 2:20 “24quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.”

Jesús murió lleno de nuestras obras injustas para que nosotros viviéramos en la justicia divina.

Jesús murió lleno de nuestras enfermedades para que nosotros fuéramos curados cada vez que nos enfermemos.

No dice que no nos enfermaríamos, pero si dice que seríamos curados. Jesús no prometió inmunidad total, pero si sanidad total.

Así que cuando enfermes de algo, ora “reclamando el derecho” que tienes al favor inmerecido de estar sano, porque Jesús murió con esa enfermedad y ese dolor en su cuerpo.

Tu salud es parte del derecho a su favor inmerecido.

 

VI         VENCIENDO A LA VOZ ACUSADORA QUE TE ALEJA DE SU FAVOR

Una de las razones por las que al cristiano le cuesta un poco creer en que tiene derecho al favor inmerecido de Jesús es porque ha vivido por años y por generaciones dentro de un régimen de méritos propios para poder recibir las bendiciones abundantes de nuestro Dios.

Y esto no solo sucede con voces de afuera, predicadores y denominaciones que predican desde hace mucho tiempo en que si no te portas bien, si no haces lo que Dios dice que hagas, Dios no te puede bendecir.

Han hablado por años de bendiciones “retenidas” sobre el techo de tu hogar que “no pueden bajar” porque no has hecho “lo correcto o lo perfecto” delante de Dios, como un Santa Claus panzón atorado en la chimenea.

Y todo esto genera también una voz interna acusadora que te dice:

¿Quién te crees que eres? ¿No recuerdas que hoy por la mañana le gritaste a tu cónyuge? ¿Por qué te va a dar Dios favor para esa presentación que tienes en la oficina?

Fíjate…pierdes los estribos muy fácil cuando vas manejando en el tráfico, les dices de cosas a los conductores de al lado y todavía crees que puedes esperar cosas buenas.

¿Y dices que eres cristiano? ¿Cuándo leíste tu Biblia por última vez? ¿Qué has hecho para servir a Dios?

¿Te suenan parecidas estas acusaciones a algunas que oyes en tu cabeza?

Este tipo de voz interior la tenemos todos en poca o en gran medida, eso no es lo importante, lo importante será como respondemos a los comentarios de esa vocecita.

Opción A: Si, claro. No merezco nada de eso. ¿Cómo voy a esperar que el favor de Dios me acompañe en esa presentación de la oficina, si hoy le grité a mi esposa en la mañana?

Bueno, esa sería la respuesta de alguien que cree que se tiene que ganar la justicia y la aceptación a los ojos de Dios.

Es lo que diría alguien que cree que solo puede esperar lo bueno de Dios si tiene buena conducta y si cumple con la lista de requisitos autoimpuestos al pie de la letra.

El desenlace en esta opción:

Tal vez entre a la oficina todavía furioso contra su esposa y lo peor, tal vez se sienta separado de la presencia de Cristo a causa de su enojo y crea que por ello no puede pedirle a Dios que le de su favor para esa presentación.

Entra a la sala de la presentación, comienza a balbucear, se pone nervioso, se le olvidan partes importantes de la presentación.

Esto hace que su empresa pierda la cuenta de un cliente muy importante. Después recibe la llamada de sus jefes regañándolo por la mala presentación y por haber perdido un cliente importante.

Lleno de frustración sale de la oficina y vuelve a casa como un loco, ahora va sonando la bocina del auto cada vez que alguien no tienen conectado el pedal del acelerador al verde del semáforo y tarda un milisegundo más en arrancar. Llega a casa y ahora le grita aun más fuerte a su esposa y la hace responsable de su fracaso, porque, según él, todo es culpa de Ella.

Opción B: Si, tienes razón. No merezco el favor de Dios porque hoy en la mañana perdí los estribos y le grité a mi esposa. Pero ¿sabes una cosa? No pienso en lo que no merezco, pienso en lo que merece Jesús.

Así que Señor, ahora mismo te agradezco que a tus ojos sea perfectamente justo como tu Hijo Jesús. Gracias a la cruz y a tu perfecto sacrificio puedo esperar el inmerecido favor de Jesús en mi presentación.

Todos mis defectos, incluso, el tono y las palabras equivocadas que usé esta mañana contra mi esposa están cubiertos por tu justicia. Puedo esperar lo bueno, no porque yo lo sea o lo merezca, sino porque Jesús lo es y lo merece.

Notas la diferencia, esta persona está anclada firmemente en la justicia de Jesús y no depende de su propia conducta ni de sus buenas obras.

El desenlace de esta opción.

Este hombre se va a trabajar, va tranquilo en su auto hablando estas palabras, sabe que depende del inmerecido favor de Jesús. Su presentación es excelente, su compañía gana un cliente importante, sus jefes llaman para felicitarlo.

Al salir de la oficina vuelve a casa sintiendo paz y gozo, porque va lleno de la conciencia del Señor, entonces, es en esa conciencia que encuentra fuerzas para disculparse con su esposa por lo ocurrido esta mañana.

Y además sabe que tiene el inmerecido favor de Jesús para que sus actitudes cambien y su matrimonio sea restaurado y levantado.

VII        LA DEFINICIÓN DE LA GRACIA Y SU RESPUESTA PARA TI

Vayamos a conocer la mejor definición de gracia (favor inmerecido) que hay en la Biblia. Vamos a leerlo dos veces:

(NVI) Romanos 11:6 “Y si es por gracia (favor inmerecido), ya no es por obras; porque en tal caso la gracia (favor inmerecido) ya no sería gracia (favor inmerecido).”

¿Está claro? El favor inmerecido y tus “pastillas de meritolandia” se oponen entre sí rotundamente.

Mira como lo declaró el apóstol Pablo:

(NVI) Filipenses 3:4-9 “Yo mismo tengo motivos para tal confianza. Si cualquier otro cree tener motivos para confiar en esfuerzos humanos, yo más: circuncidado al octavo día, del pueblo de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de pura cepa; en cuanto a la interpretación de la ley, fariseo; en cuanto al celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que la ley exige, intachable.Sin embargo, todo aquello que para mí era ganancia, ahora lo considero pérdida por causa de Cristo. Es más, todo lo considero pérdida por razón del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo he perdido todo, y lo tengo por estiércol, a fin de ganar a Cristo y encontrarme unido a él. No quiero mi propia justicia que procede de la ley, sino la que se obtiene mediante la fe en Cristo, la justicia que procede de Dios, basada en la fe.”

¡Aleluya mis amados! Pásele a la gracia y reciba enormes cantidades de su favor inmerecido.

Salga de “Meritolandia” y verá la gloria de Dios en todas las áreas de su vida.

 

VIII       MINISTRACIÓN

Disfrute su derecho a vivir mediante el favor inmerecido de Jesús ganado para usted por la justicia divina derramada en la cruz del calvario.

Diga conmigo: Yo vivo dependiendo del favor inmerecido de mi Señor Jesús.

Amén.